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Chelva
conserva hoy día en su casco urbano la impronta dejada por
los pueblos que la habitaron históricamente. De esta manera
podemos deleitarnos recorriendo el Barrio Árabe de Benacacira,
que mantiene el aire oculto, misterioso y recoleto que esta cultura
confiere a sus espacios. Sus calles estrechas, el rumor del agua
de sus innumerables fuentes, sus casas encaladas, nos evocan la
ciudad medieval construida sobre una pefla y rodeada de murallas
para asegurar su defensa. Obligado pasear por sus callejuelas, admirar
los azulejos de los siglos XVIII y XIX y visitar la plaza que ocupó
el zoco y la mezquita musulmana, sobre la cual a partir del s.XIV
se erigió la ermita de San Jorge y, ya a principios del s.
XVIII, la actual ermita de la Soledad.
El Barrio Judio del Azoque, intacto en su trazado original,
con calles estrechas y porches de acceso, un espacio cerrado al
mundo exterior que conserva su homogeneidad y nos evoca
la unidad del pueblo judio.
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Arrabal
o Barrio Morisco, traslada
el mismo concepto de ciudad musulmana, creando un barrio populoso
extramuros donde se fueron asentando moriscos y cristianos
recién
llegados. En su seno se erigió la Mezquita de Benaeça, posteriormente
ermita de Sta. Cnuz, y en el s. XVII la ermita de los Desamparados
que según
cuentan las crónicas
se levantó sobre el solar de la casa de un "desamparado",
un morisco ejecutado por haber asesinado al Vizconde enamorado
de una mora vasalla.
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